La azotea al amanecer
Una cita que termina mucho más arriba de lo esperado.
Todo empezó con una idea que merecía ser contada. El aire sobre la azotea parecía cargarse de algo intangible: una chispa lista para detonar.
Fue entonces cuando los cuerpos recordaron cómo acercarse. Lentos, primero; luego sin frenos. La cama apenas existía: solo quedaba el deseo convertido en piel, en aroma, en voz baja.
En el clímax no hubo palabras, solo la certeza de que el momento había llegado. El deseo, tantas veces contenido, por fin encontraba desembocadura, como un río que al fin llega al mar.
Cuando terminó, quedó el silencio cómplice y una sonrisa. Y la secreta promesa de que esa historia aún tenía mucho más que contar.
Comentarios (2)
Qué manera de abrir el sitio, me encantó el ritmo del texto. ¡Quiero la continuación!
Genial relato, muy sensual.
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